
Erase una vez un regalo:
Dios me entregó un laberinto para caminar donde yo quisiera.
Podía optar de la mano de la esperanza,
o salir persiguiendo la belleza,
golpear fuertemente a la pereza
o jugar a ser princesa.
Erase una vez un regalo:
Dios me entregó un laberinto para caminar donde yo quisiera.
Busqué la felicidad,
y él me regló un momento.
Ansiando con fuerza mayor sabiduría,
él me envió el dolor.
Erase una vez un regalo:
Dios me entregó un laberinto para caminar donde yo quisiera.
Queriendo encontrar el amor,
me topé en el camino mientras jugaban
a la tolerancia, la pasión y la locura,
dirigidos por la incondicionalidad.
Erase una vez un regalo:
Dios me entregó un laberinto para caminar donde yo quisiera.
Quería optar por el camino correcto
y él me otorgó más alternativas.
Anhelando vivir,
él simplemente me dejó elegir…











